Cada persona es un ser propio, diferente, irrepetible.
La complejidad de sus comportamientos y la adecuación
de sus respuestas está mediatizada por la manera
en que integra su herencia biológica, su medio
familiar, su contexto social, y las fluctuaciones que
se van produciendo en su ciclo vital .
Individual y colectivo son los dos polos opuestos de
una misma realidad social. Constituyen una fuente de
tensión conflictiva. Los dos polos existen de
manera contradictoria y dinámica.
En este proceso de mutua influencia, cada persona resulta
ser, en un momento dado una realidad concreta, autónoma
y significativa del medio social en que vive. Para que
personas y colectivos puedan tener un intercambio dialéctico
con el medio social es preciso que dispongan de determinados
elementos básicos que le posibiliten esa relación
de adaptación, enfrentamiento, o confrontación,
permitiéndole su desarrollo.
A estos elementos les denominamos Necesidades Básicas.
Se estructuran como un sistema, permitiendo a la persona
autonomía, autoorganización, identidad
personal, relación dialéctica sana entre
individuo y medio. La carencia o grave déficit
de alguno de estos elementos que forman el sistema,
origina serias dificultades en el funcionamiento del
mismo, obstaculizando, limitando, o instrumentalizando
la vida de las personas.
La clasificación o definición
de las Necesidades Básicas se ha realizado desde
la sistematización de los elementos siempre presentes
en procesos de conflicto, con los que mayoritariamente
trabajamos las/os profesionales del Trabajo Social.